Entonces se asumía que este individuo era el mas idóneo para el puesto gracias a su palmares académico, se contaba con profesionales de altísimo calibre de formación en sus áreas respectivas, conocedores de la tecnología de punta, de la ultima técnica o herramienta gerencial, en pocas palabras, contaban con un basto conocimiento técnico, de hecho se conocen numerosos casos de algunas corporaciones donde para acceder a una posición de Vicepresidencia por ejemplo, debía contar como mínimo de un MBA (Maestría en Administración de Negocios)
Sin embargo el mundo gira vertiginosamente, sus cambios son acelerados, la dinámica en las sociedades cambia rápidamente, y con ella sus integrantes y por ende las organizaciones. Ya nos basta solo el bagaje académico como antes, y esto responde a ciertas situaciones, por ejemplo, nos encontramos con personas con formación de 4to nivel, maestrías y especializaciones, graduados con honores en las mas prestigiosas universidades del mundo, pero no saben comunicarse efectivamente con sus pares, con sus superiores o con sus subordinados, de igual forma tienen múltiples problemas para adaptarse a los cambios de su entorno, y se les hace cuesta arriba conformar e integrar equipos de trabajo.
Aquí se hace evidente una interrogante de gran calibre ¿porque no es suficiente la formación técnica en los profesionales para llevar a cabo con efectividad sus actividades laborales, personales y sociales? y es cuando respondemos diciendo que a demás de la formación técnica, las personas deben ser formadas en otros aspectos relacionados a su personalidad, con su forma de pensar, de actuar, se debe tomar en cuenta los principios y valores de las personas, para poder integrarlas a las estructuras organizadas, a las empresas, la la sociedad misma.
De allí se desprende o se origina el termino competencia, el cual implica una combinanción de aspectos referidos a la personalidad de un individuo, su experiencia y su formación académica, se requiere con urgencia un cambio paradigmatico en las sociedades en cuanto a la formación de sus profesionales, pues ya es evidente que las organizaciones están estructuradas o conformadas por personas, que tienen emociones, experiencias y sobre todos rasgos personales que inciden en el desarrollo de las actividades de una organización. No solo la productividad y la rentabilidad son importantes en una empresa o institución, también es vital conocer y entender como piensan las personas que hacen vida dentro de las mismas, puesto que ellas representan la piedra angular de la dinámica de las industrias en un mundo cada vez mas exigente.
Formar en competencias, es el norte para todas las personas en un mundo totalmente global, que reclama cambios urgentes para mantener la sustentabilidad del mismo.

Efectivamente, las competencias técnicas no son suficientes, hay que abordar el aspecto emocional. El individuo no es más inteligente porque sabe o domina un tema de forma magistral sino que ahora la inteligencia es emocional, es decir, es inteligente aquel individuo que emocionalmente es equilibrado, que su comunicación con sus pares es asertiva y efectiva, entre otros. La inteligencia emocional es una competencia mas que hay que agregar en nuestra formación profesional.
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